Realizadas a partir de los datos
aportados por gentileza del Servicio de Política Agraria Común (PAC) de la
Consejería de Medio Rural y Política Agraria del Principado de Asturias, ambas
se refieren a la Campaña del año 2025 y se espera constituyan el punto de
partida de una nueva fuente para el conocimiento y análisis de realidad agroganadera
de Asturias.
La aplicación al conocimiento
geográfico de una instancia en principio administrativa, no solo deviene en una
optimización de los recursos públicos, sino en una visión más global del
territorio en la medida que facilita los intercambios de escala desde la
parcela o recinto —unidades básicas de Catastro y SIGPAC, respectivamente—
hacia diversas circunscripciones territoriales (concejo, comunidad autónoma,
etc…).
El uso del recinto se determina
fundamentalmente mediante ortofotografías aéreas (PNOA) e imágenes de satélite
(Sentinel, entre otras). A partir de estas imágenes, técnicos especializados
realizan una fotointerpretación visual, identificando el tipo de cubierta
vegetal, la estructura del cultivo y patrones de uso del suelo.
Esta información se complementa con la
propiamente administrativa, como las declaraciones de los agricultores,
controles sobre el terreno o datos históricos de campaña anteriores,
actualizándose continuamente mediante controles por monitorización
(teledetección), inspecciones de campo y procedimientos de alegaciones por
parte de los titulares.
Finalmente, a cada recinto se le asigna
un código de uso (por ejemplo: TA, PR, PS, FO, etc.) que corresponde a una
tipología estandarizada definida por el FEGA[1] (por
ejemplo TA: Tierras arables, PR: Pasto arbustivo, FO: Forestal, etc…). El uso
así definido tiene un carácter administrativo, no puramente descriptivo, pudiendo
coincidir o no con el cultivo real en un momento dado.
La clasificación de los usos del SIGPAC es muy detallada, incluyendo 34 usos para toda España, de los cuales 21 refieren presencia en Asturias en la campaña que nos ocupa. Dada la profusión de categorías de usos se ha procedido a su agrupación, cuando así ha sido posible, de forma que se han creado 11 grupos de usos con los siguientes contenidos:
A partir de esta operación se
cuantificaron las superficies correspondientes a cada grupo de uso,
obteniéndose así, a partir de la información SIGPAC, una clasificación
territorial que viene a sumarse a otras cartografías de ocupación y usos del
suelo disponibles para Asturias, como el Sistema de Información sobre Ocupación
del Suelo en España (SIOSE), CORINE Land Cover (CLC), el Mapa Forestal de
España (MFE) o el Mapa de Cultivos y Aprovechamientos (MCA).
Con objeto de valorar la coherencia de esta clasificación se realizaron distintas comparaciones, cuya exposición detallada resultaría excesivamente prolija para un artículo divulgativo como este. Los resultados mostraron una estructura general del territorio coherente con lo ya conocido, en la que los pastos y las superficies forestales constituyen, con gran diferencia, los usos dominantes, mientras que los cultivos y las restantes superficies presentan magnitudes muy inferiores.
En
todo caso, la clasificación permite poner de manifiesto una de las principales
ventajas de la explotación de SIGPAC: frente a una estadística agregada por
concejos, la cartografía del sistema permite localizar cada uso sobre el
territorio y analizar su distribución y relaciones espaciales con un elevado
nivel de detalle.
El cultivo observado representa el uso o
producto agrícola real del suelo determinado por la administración mediante
actuaciones de control. Estas pueden realizarse mediante inspecciones sobre el
terreno (controles clásicos) o mediante técnicas de teledetección, incluyendo
la fotointerpretación de ortofotografías y los sistemas de monitorización continúa
basados en imágenes satelitales. Este dato refleja pues la situación efectiva
de la superficie en la campaña correspondiente.
Este concepto no debe confundirse con el
de cultivo declarado, que corresponde al uso o producto agrícola consignado por
el solicitante en la Solicitud Única de la PAC para cada recinto SIGPAC o parte
del mismo. Este dato tiene carácter administrativo y constituye la base para la
tramitación de las ayudas, la asignación de derechos y el cumplimiento de los
requisitos de admisibilidad y condicionalidad.
En nuestro caso —campaña de 2025 en
Asturias—, las discrepancias cultivo observado/cultivo declarado son nimias,
pues uno y otro no coinciden tan solo en 7.450 registros de un total de 461.186
(un 1,6 %).
Dada
la profusión de categorías de cultivos presentes en Asturias (86), se procedió
a su agrupación en unos casos y a la invidualización en los especialmente
significativos en la región (maíz, manzano, alubias/fabes), de forma que se crearon
16 grupos de cultivos:
La cartografía resultante no constituye un
inventario de la totalidad de los cultivos existentes en el territorio. El
análisis se circunscribe a los cultivos cuya presencia ha sido identificada
mediante observación en la campaña correspondiente y que figuran recogidos en
la información de cultivos observados de SIGPAC. En consecuencia, las
superficies consignadas en la tabla anterior deben interpretarse como expresión
de los cultivos identificados y registrados en esta fuente, y no como una
cuantificación exhaustiva de toda la superficie efectivamente cultivada en
Asturias.
Desde una perspectiva específicamente
agraria, conviene excluir del cómputo anterior el grupo PASTOS, puesto que, a
diferencia de los cultivos propiamente dichos, su existencia no presupone
necesariamente la siembra o plantación, aun cuando su configuración y
mantenimiento puedan estar estrechamente ligados a la intervención humana y al
aprovechamiento ganadero. Excluidos los pastos, la superficie ocupada por los
cultivos propiamente dichos asciende en la campaña 2025 a 126,2 km².
Con objeto de valorar la coherencia
espacial de esta información, se analizó la correspondencia entre los cultivos
observados y el uso general asignado a los recintos en el SIGPAC. Para ello se
realizó un cruce espacial entre los cultivos observados en 2025 —excluidos los
pastos— y la cartografía de usos. Los resultados muestran una asociación muy
clara: de los 126,2 km² considerados, 95,3 km² (75,5 %) se localizan sobre
recintos clasificados como TIERRAS ARABLES y 25,3 km² (20,0 %) sobre FRUTALES,
de modo que ambas categorías concentran conjuntamente el 95,5 % de toda la
superficie cultivada observada.
La correspondencia resulta aún más
expresiva al considerar el cultivo concreto. Sobre los recintos clasificados
como FRUTALES, el 87,2 % de la superficie observada corresponde a MANZANO;
mientras que sobre TIERRAS ARABLES predominan ampliamente las FORRAJERAS (57,0
%) y el MAÍZ (35,3 %), que conjuntamente representan el 92,3 % de los cultivos
observados sobre este uso.
El análisis complementario de las
TIERRAS ARABLES, incorporando en este caso también los pastos observados,
permite precisar mejor la naturaleza de este uso SIGPAC. De los 185,6 km² de
tierras arables para los que se dispone de información de cultivo observado en
2025, 90,3 km² (48,65 %) corresponden a PASTOS y 95,3 km² (51,35 %) a los
restantes grupos de cultivo. Se confirma así el carácter mixto de esta
categoría y su vinculación tanto con los aprovechamientos ganaderos como con
los cultivos propiamente dichos, cuestión que, como se ha señalado
anteriormente, resulta relevante para su correspondencia con las categorías
empleadas por SADEI.
En conjunto, estos resultados muestran una elevada
coherencia entre la clasificación general de usos SIGPAC y la información más
detallada y coyuntural proporcionada por los cultivos observados en la campaña
2025, refrendando la utilidad de esta clasificación para el análisis
territorial de la actividad agrícola y poniendo de manifiesto la persistencia e
importancia espacial de los aprovechamientos que históricamente han
caracterizado el campo asturiano: los pastos, la manzana, el maíz y les fabes
(alubias).
La repetición del procedimiento para
campañas sucesivas permitiría, además, incorporar una dimensión temporal al
análisis, comparando la superficie efectivamente observada sobre los distintos
usos SIGPAC y sus variaciones interanuales. De este modo podría obtenerse un
indicador de la ocupación efectiva de las superficies agrarias en cada campaña,
diferenciando el uso general asignado al recinto de su aprovechamiento agrícola
observado en un año determinado.
La información contenida en SIGPAC
permite analizar la relación de los cultivos observados con las condiciones
topográficas del territorio, ya que cada recinto incorpora entre sus atributos
la altitud y la pendiente medias. Esta última se expresa originalmente en tanto
por mil y ha sido calculada a partir del Modelo Digital del Terreno utilizado
en la elaboración del SIGPAC (2023). La disponibilidad de ambas variables
permite asociarlas directamente a los cultivos observados, sin necesidad de
realizar un cruce posterior con un Modelo Digital del Terreno.
A efectos del análisis, los valores
continuos se agruparon en intervalos representativos de las principales
situaciones topográficas de Asturias. Para la altitud se establecieron cuatro
estratos: menos de 200 m, 200-500 m, 500-800 m y más de 800 m. Para la
pendiente, previa conversión de los valores originales de tanto por mil a
porcentaje, se utilizaron igualmente cuatro intervalos: 0-5 %, 5-15 %, 15-30 %
y más del 30 %. Su combinación con la información de cultivos permite
caracterizar en qué condiciones topográficas se desarrolla cada tipo de
cultivo, reconocer diferencias en sus pautas de localización y valorar la
influencia del relieve en la configuración del espacio agrario asturiano.
Se comprueba como la mayor parte de los cultivos se localizan a menos de 200 m de altitud (71,2%), de acuerdo a una clara relación inversa entre altitud y superficie cultivada, que disminuye conforme aumenta la cota, de forma que se limita la extensión de los cultivos de mayor altitud a solo 335 hectáreas (un 2,7% del total), y de la que la única excepción sería el grupo de cultivo FORESTAL, que se desarrolla en su mayor parte (58,6%) a una altura superior a los 800 m.
Como curiosidad, cabe destacar la constatación de que en 2025 aún perduraban en Asturias cultivos de cereales a gran altura: 15 hectáreas en Santa Eulalia de Oscos y una pequeña extensión de centeno en Ibias (730 m2).
La distribución por intervalos de
pendiente evidencia la marcada adaptación de los cultivos por los terrenos de
relieve más favorable. El 42,9 % del
total de la superficie cultivada observada se localiza en pendientes inferiores
al 5 % y otro 32,0 % entre el 5 y el 15 %, de modo que aproximadamente
tres cuartas partes de los cultivos se concentran por debajo del 15 % de
pendiente. Este patrón contrasta claramente con las características generales
del territorio asturiano: las superficies con pendiente inferior al 15 %
representan únicamente el 31,2 %,
mientras que los terrenos superiores al 30 %, mayoritarios en Asturias (55,6 %), apenas reúnen el 6,1 % de la superficie cultivada observada.
Existen, no obstante, diferencias
significativas entre grupos de cultivo. Forrajeras
y maíz, que reúnen buena parte de la superficie cultivada, presentan una
clara concentración en las pendientes más bajas; especialmente el maíz, del que
cerca del 88 % se localiza por debajo
del 15 %. El manzano
muestra una distribución más adaptada al relieve accidentado, con una presencia
importante entre el 15 y el 30 % y todavía apreciable por encima del 30 %.
Algunos grupos minoritarios presentan incluso una mayor asociación con fuertes
pendientes, aunque su reducida superficie aconseja interpretar estos resultados
con cautela.
Se confirma, en definitiva, el fuerte
carácter selectivo de la agricultura respecto al relieve: en un territorio tan
montañoso como el asturiano, la superficie cultivada observada que registra el
SIGPAC se concentra de forma muy acusada en la fracción topográficamente más
favorable: la inferior a los 200 m de altura (71%) y a 15 % de pendiente (75%).
Las preferencias topográficas de cada grupo de cultivo serían las siguientes:
Más allá de su utilidad estrictamente técnica, la
representación cartográfica de los cultivos ofrece una vertiente especialmente
atractiva desde el punto de vista divulgativo, incorporando incluso un cierto
componente lúdico a la consulta de la información. Basta seleccionar un cultivo
concreto para descubrir dónde aparece y cómo se distribuye por el territorio y,
si los recintos se superponen a una ortofotografía, observar además el aspecto
real de las plantaciones. De este modo, cualquier usuario puede comprobar, por
ejemplo, dónde se cultiva la escanda y qué aspecto presentan sus parcelas, identificar
una plantación de kiwi o reconocer la disposición característica de una
pomarada. La consulta del SIG se convierte así en una forma sencilla, visual y
didáctica de acercarse a la realidad agraria asturiana, difícil de conseguir
mediante tablas o estadísticas convencionales.
[1]
Fondo Español de Garantía Agraria


































